¡Amado mío!

Si todavía vives con la necesidad de estar enganchado a tus padres, queriendo que tu mamá o tu papá te valore, te demuestre amor, te pida perdón. Ya es hora de que te des cuenta de que difícilmente eso ocurrirá tal como tú lo deseas.

Hoy ya eres un adulto, ya no necesitas que tu madre ni tu padre te cuiden, es tiempo de que seas tú quien tome las riendas de tu vida en amor.

Y te preguntarás, ¿cómo puedo hacerlo? Pues bien, tómate un tiempo, respira y piensa: ¿Qué situaciones vivieron tus padres? ¿Qué carencias padecieron? ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué logros obtuvieron a lo largo de su vida? ¿Cuánto amor y reconocimiento recibieron? ¿Hasta qué punto ellos mismos se valoraron y se hicieron valer en amor?

Ahora, haz lo mismo contigo, con tu historia: detalla cada una de tus vivencias, de tus logros, de tus oportunidades, etc., y pregúntate ¿En qué medida los valoraste? ¿En qué medida los celebraste? ¿En qué medida los disfrutaste? ¿En qué medida los agradeciste?

¿Te has dado cuenta?

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Nadie da más de lo que tiene. Tienes mucho por lo que celebrar, mucho por lo que valorarte, ocuparte, cuidarte y amarte.

Ya es hora de agradecer tu proceso, agradéceselo a tus padres, agradéceselo a la vida, porque gracias a todo ello eres quién eres en este momento.

Ya te habrás dado cuenta de que, si todavía reaccionas con dolor, con ira, con coraje, con culpa, con frustración o con miedo, es porque hay algo que te falta. Y por supuesto que así es:

¡Te faltas tú!

Sí, es verdad, te faltas tú.

Piensa cómo reacciona un niño cuando desea que le den la vuelta porque está incómodo. Ahora piensa cómo reaccionas tú cuando alguna situación te hace revivir heridas del pasado. ¿Acaso no reaccionas igual que un niño? Claro que sí, y aunque tu Yo adulto lo niegue, aún hay un niño que, gritando desde dentro de ti, reclama atención y amor.

De manera que sí, esa parte que te falta es tu niño interior, ese niño que has tenido tan olvidado y abandonado a lo largo de tantos años. Tu niño ha permanecido en un entorno hostil, viviendo y reviviendo situaciones dolorosas constantemente; por ello, cuando pasas por un momento estresante o que te lastima, tu niño herido grita desesperadamente pidiendo luz, atención, compasión y amor, por eso no puedes reaccionar con la madurez que deberías, porque quien reacciona en ese momento es tu niño interior. Te grita que vayas por él, que lo abraces, que lo traigas al presente contigo, que lo saques de ese lugar que lo daña, que lo maternices, que lo cuides y que lo valores.

Ahora que ya lo sabes, ya es hora de que le digas que lo amas, que cada día le digas palabras hermosas de amor, que le preguntes qué desea, que le hagas saber lo importante que es para ti y que tú deseas tener una conexión en la luz y la compasión y recibir mucho amor para entregárselo a él.

Si quiere chocolate, ¡Dáselo! Si quiere jugar, ¡Juega con él! Si quiere pintar, ¡Pinta con él! Si quiere bailar, ¡Baila con él! Si quiere llorar, ¡Llora con él! Si quiere reír, ¡Ríe con él!

En fin,

¡Dale voz y date la oportunidad de escucharle!

Ese niño que has abandonado en el pasado, es la parte más importante de ti: es tu esencia, es tu magia, es tu poder, es tu luz; la parte pura, ingenua y más amorosa de tu ser.

Dale voz, dale espacio, dale tiempo…

Reconéctate y verás que, cuanto más lo hagas y seas más constante, tu vida cambiará para mejor y alcanzarás tus objetivos, tus metas, tus sueños, tu plan de vida.

Abrázate, ámate, mírate a los ojos, escúchate y date el valor que te mereces; tú eres lo mejor de ti. Y, cuando hayas asumido y practicado eso, entonces sí que estarás en disposición de honrar a tus padres, a tu linaje y a TODO cuanto existe.

¡Y así es!

Yo Soy Angélica

Canalizado por Colibrí Aguilar